José Manuel Prellezo, en su libro "Utopía de un indiano lebaniego", dedicado a la Obra-Pía fundada por Alejandro Rodríguez de Cosgaya en Espinama, dedica un apartado a estas imágenes, que comienza así:
«Muchos espinamenses hemos podido hablar en la segunda mitad del siglo XX con algunos ancianos de Espinama, que llegaron a conocer dos estatuas de marfil pertenecientes a la institución de Rodríguez de Cosgaya. Pero las noticias sobre las mismas resultan demasiado genéricas: "eran preciosas"; "parecían como dos ángeles de oro"; se trataba de "dos imágenes de las Marías"... Y no faltan algunas contradicciones sobre el lugar en que se hallaban en un determinado período: casa de la Obra-pía, iglesia parroquial, casa del señor cura.
El tema se afrontaba, a veces, con cierto tono de misterio: las "Santinas" -o los "Santines", como decían otros- "desaparecieron allá cuando la guerra civil"».
Estas santinas figuraban en una descripción de la capilla de la Obra-Pía, publicada en 1915 en La Voz de Liébana, así: «Sobre el tabernáculo está representado Jesucristo en la Cruz en medio de dos ladrones en igual suplicio. Los tres crucifijos son de hueso, si no de marfil, con gran delicadeza trabajados. Con estas hacían juego dos imágenes de las Marías que hoy se hallan en la iglesia parroquial. Son de marfil y levantan como 30 cm».
Y de ellas dejó constancia también José del Río Sainz, "Pick", en un artículo en La Voz de Cantabria en 1929, al decir que en Espinama «nos sorprendió agradablemente el hallazgo de dos imágenes, talladas en marfil, que en la casa rectoral se conservan. Una es Santa Clara y otra una santa anónima que ciñe el cordón franciscano. Son dos verdaderas piezas de museo, que en la vitrina de cualquier Museo deben tener su lugar adecuado».
Volvamos ahora a lo que cuenta Prellezo que ocurrió en 1926, cuando «la Junta Provincial de Beneficencia de Santander -a quien correspondía legalmente el patronato de la fundación de Espinama- estaba recogiendo noticias sobre "dos imágenes, conocidas con el nombre de las Santinas en aquella región, de valor artístico y que actualmente están, aunque no expuestas al culto, en la iglesia parroquial de Espinama"» y el gobernador pidió al obispo de León que ordenara al cura de Espinama que entregara las imágenes a aquella Junta, a lo que el obispo se negó, basándose en que no era esa «la voluntad del fundador», reclamando de paso la regularización de la Obra-Pía. Además, advirtió al cura que «las dos imágenes de marfil, que dice, y que se hallan en el templo parroquial, deben de ser tenidas como cosas sagradas, fuera por lo tanto del comercio de los hombres, y como de propiedad de la Iglesia que las posee».
La Junta de Beneficencia pidió al delegado regio de Bellas Artes de Santander que elaborara «un informe sobre el estado y valor del edificio y de los objetos religiosos y artísticos de la Obra-pía». Respecto a las dos imágenes, escribe Prellezo, «el informe se limita a decir que "tienen características que las avaloran y merecen ser guardadas y consideradas como objetos artísticos"».
En junio de 1935 el ministro de Instrucción Pública ordenó al delegado de Bellas Artes la valoración de las dos imágenes de marfil. Laureano Miranda Ureta realizó la inspección el 18 de julio de aquel año y elaboró un informe que Prellezo califica de «amplio y detallado», que incluye el dibujo de las imágenes que se adjunta y detalles como que «la más grande de las tallas mide cuarenta y dos centímetros de altura; la otra, treinta centímetros y medio. Están labradas en sendos colmillos. Los marfiles representan dos religiosas de "diferentes órdenes monacales pero resueltas por la misma mano y con idéntico procedimiento. Ligeramente policromados -pintados ojos, cejas y labios, rojos éstos aún- tienen salpicados hábitos y manto, con profusión discreta, de florecillas doradas"». Concluye su informe, diciendo:
«Resumiendo: aunque las estatuillas son hermosas, atendiendo al mérito intrínseco de la materia, a su vetustez relativa y al esmero que el supuesto artesano puso en darle forma, considera el informante que el valor artístico de ambas piezas es muy relativo y que su estimación en el mercado de obras cotizables alcanzaría un volumen poco acusado».
Como vemos, a diferencia de lo escrito por Pick, se relativizaba su valor. Pero el caso es que las dos imágenes seguían estando "fichadas", de modo que, cuando estalló la guerra civil y el 3 de octubre de 1936 un grupo de quince o dieciséis milicianos anarquistas de la FAI, al parecer de la zona de Los Corrales de Buelna, irrumpieron en casa del padre del párroco, Benjamín García, «exhibían un papel a modo de inventario, en el cual reclamaban dos Imágenes de marfil, que dijeron que existían en la casa del Cura, [y] una Cruz de plata», que no estaban entre lo que se habían llevado la víspera en el saqueo de la iglesia. Aunque el padre del cura negó tenerlo, «los milicianos levantaron las losas de piedra de la cuadra del dicente y debajo de una encontraron la Cruz y en minucioso registro que hicieron en la casa en un pequeño armario incrustado en la pared y tapado esto con un mapa, se encontraron con las Imágenes todo lo cual se llevaron».
En 1983, en la primera edición de su libro, Prellezo concluía señalando que «se desconoce el paradero de los dos estatuas de marfil que pertenecieron a la institución benéfico docente del indiano lebaniego» y así seguimos. Sin embargo, quizás hoy, con los medios de que se dispone, sería posible localizarlas en caso de que hayan salido al mercado o formen parte de alguna colección pública o privada. ¿Qué fue de las santinas de la Obra Pía? ¿Alguien tiene alguna pista?