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ENTRE SUEÑOS, ILUSIONES Y QUIMERAS
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-¿Qué es un sueño?: Son sucesos o imágenes que se representan en la fantasía mientras duermes.
-¿Qué es una ilusión?: concepto, imagen o representación sin ser realidad sugeridos por la imaginación o engaño de los sentidos.
-¿Qué es una quimera?: aquello que proponemos a la imaginación como posible sin serlo.
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Corrían los años cincuenta y principios de los sesenta cuando unos niños de un pueblo perdido y encaramado en el final de un valle que se adentra en el macizo central de los Picos de Europa, que se llama Espinama, jugaban con aquello que el terreno y en algunos casos, el trabajo y la recolección agrícola les aportaba como juguete.
Dependiendo de la época recuerdo algunos muy específicos además de un tanto sui generis:
Resbalar por las pandas muy pindias de los prados segados y muy agostados por el calor del verano, que propiciaban mucha velocidad a la tabla de resbalar. Estas estaban hechas de madera de roble, haya, etc etc con unas medidas de unos 30 cm. de ancho y unos 70 cm. de longitud; también tenían el frente curvado hacia arriba con el fin de evitar se empotraran en el suelo al bajar, y las más sofisticadas tenían un palo clavado y cruzado en la parte delantera para poder sujetar ahí los pies. Se las lijaba bien por debajo y untaba de grasa de cerdo o cera de abeja y con ellas bajo el brazo a subir a lo cimero del prado para dejarse luego caer una y otra vez, trabajo este que costaba un gran esfuerzo cuando eran ya muchas las veces. Lo malo era lo poquito que duraba la bajada.
Un invierno hubo un vendaval y recuerdo tiró unas chapas de latón muy grandes que tenía un anuncio que estaba situado en el huerto de la carretera de Rosa y Félix Campo, hoy parkin del Hotel Restaurante Nevandi, junto a un gran tilo que no recuerdo si sigue existiendo, hoy zona de leñero cubierto creo del Nevandi.
Pues bien, era una lata de una sola pieza bastante oxidada por la intemperie en su parte trasera y que mediría como dos m. de ancho por tres o más de largo. Estuvo tirada donde el leñero de Vicente Campo, detrás del cercado de la casa de Apio y Cheli mucho tiempo, hasta que un final de verano decidimos que sería una buena tabla de resbalar por la parte pintada (no consigo recordar de qué era el anuncio); total, nos la apropiamos y como era de gran capacidad nos metíamos en ella muchos a la vez (como un autobús), porque además a más peso, más velocidad cogía; el problema surgía cuando llegaba al final o se atascada de pronto, y salíamos todos despedidos o arrastrando sobre ella, rompiendo pantalones, haciéndonos buenos cortes con los bordes de la lata o saliendo planeando por los aires estrellándonos contra el suelo o lo que fuera que hubiese al final de la bajada.
La fuimos perfeccionando y mejoró mucho especialmente para los tres o cuatro que iban en primera línea.
Hicimos un agujero en la parte delantera en el centro de la lata y metimos un alambre fuerte conseguido en los Garajes de Arriba que hacía como de ramal de un caballo y una vez en cabecera de pista y sentados todos menos uno de atrás que daba el empujón e inmediatamente saltaba dentro, los de adelante al tirar del alambre doblaban la lata hacia atrás quedando un frente redondeado y flexible para pasar con facilidad los posibles coteros, surcos, lintes o rodadas del terreno, lo que hacía más vertiginoso el descenso porque aquel trasto volaba a veces a medio metro de altura o más, con el peligro que tenía el brusco aterrizaje, sobre todo para los de atrás que salían planeando al no tener sujeción alguna, excepto a la cintura del que le precedía en la lata. Pero era genial y nos dio muchos días de gloria, alegría, diversión y también nos proporcionó ser ganadores de varias azotainas en casa al llegar un día sí y otro también con los pantalones llenos de sietes, óxido, buenos arañazos en las piernas de la lata bien oxidada. Recuerdo también que con la fricción de la lata al arrastrar sobre el suelo te podía producir importantes quemaduras en las posaderas o zona de contacto con la piel.
Nuestra inventiva y la falta de recursos nos hicieron potenciar nuestra imaginación, soñar y también creernos como verdad auténticas quimeras.
Pero lo cierto es que vivíamos un sueño, tal vez una quimera y seguro una gran ilusión.
Continuará con otros juegos del lugar y época.
Chuchi Quina, 25/11/2022
Me precisa Chuchi Quina, al publicar esto en diciembre de 2025, algunos detalles: era un juego de niños que se llamaba "ir a resbalar" y lo hacían, sobre todo, en Sobrevilla, donde no estaban todavía los chalets (los prados se agostaban rápido y había una buena llegada final al caminito del pasero por detrás de la cuadra del toro o a la carretera de Pido") y, menos, en la Llosa, encima de la iglesia nueva, y en Pares y Segorná.
Nota.- Ilustro este recuerdo de Chuchi Quina con una imagen de Espinama en 1963 o 64, en la que se ve el tilo, facilitada por Carlos Pedraz.
© Gabino Santos, 2025