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"PEPE EL DE PÓLITO Y MÁXIMO"

En su número 253, de marzo de 1982, la revista Luz de Liébana incluyó el siguiente relato de Saturnino Calvo Llanes:

Fue allá por el final de los años cuarenta o principios de los cincuenta. En aquella época el Generalísimo repetía en sus discursos que habíamos pasado dos guerras, dos posguerras y la pertinaz sequía... Esto explica lo que había en España y cómo estaban las cosas.

Por entonces se hacía tertulia en la Plaza de Espinama, debajo de un mijuelar que había a la entrada de la casa de Consuelo. No sé porqué, algunos decíamos la casa de Consuelo y el mijuelar de Máximo. Los dos formaban un matrimonio normal. La Plaza de Espinama tampoco era lo que es hoy. La mitad era un huerto de Aurelio Díez.

Pero vuelvo al mijuelar. Estaba rodeado por una pared no muy alta. Encima tenía unas losas muy apropiadas para sentarse y hacer tertulia. A veces daba una sombra muy guapa y se estaba allí muy a gusto al medio día. Sobre todo cuando calentaba el sol.

Las tertulias se hacían allí en verano, a última hora de la tarde. Había una especie de querencia de esperar allí al coche de la línea. La llegada de la línea -así se decía- era un pequeño acontecimiento al final del día de aquella vida cotidiana y rural. Llegaban los periódicos, las cartas, algún turista y los pocos que veraneaban por aquel entonces.

Nino, mi amigo y tocayo, era el concesionario. Llegaba todas las tardes con el coche hasta los topes, de personas y encargos.

Allí, debajo del mijuelar de Máximo, estábamos en tertulia. Entre otros, estaban D. Lino, tíu Milio, Lera, Máximo, tíu Vicente Benito, Pepe el de Pólito, Fael, Félix Campo y varios más.

La hora de llegada no era fija. Nino, hablando en términos ferroviarios, decía que su coche no era un exprés, era un mixto. Efectivamente eso era y buen servicio que daba.

-¡Cuantu tarda hoy el coche de línea!, dijo Pepe el de Pólito.

- Pero hombre ¿qué te pasa?, preguntó Máximo.

- Que si tuviera una bicicleta, no tendría que estar aquí esperando al coche de línea. Con la bicicleta voy y vengo de Potes en no sé que tiempo, dijo. Y todavía me sobra tiempu pa tomar un cuartillo en casa de Froilán en Los Llanos.

- Sí, pa refrescar la sudá después de subir la cuesta de Los Llanos en bicicleta, dijo Félix Campo.

D. Lino masculló algo sobre dientes. Nadie entendió lo que dijo. Pero todos le comprendimos.

Quiero dejar bien claro que Pepe el de Pólito era lebaniego de pura raza. Máximo era de León, de Almanza. Había estudiado para algo que no acabó. Era un pocu señoritu, se decía. Por eso tenía conceptos económicos diferentes de los de Pepe. Máximo, sin venir a cuento, dijo:

- ¡Una bicicleta! Por lo que vale una bicicleta yo compraría una vaca.

- Con algo más..., con algo más..., dijo Fael.

No sé si se refería al valor de una vaca o al de una bicicleta. Fael entendía de vacas y de máquinas. Se decía entonces que sabía guiar muy bien los coches y cuando estuvo en Cuba era el que mejor guiaba.

Pero Pepe el de Pólito, que sabía lo que quería, lo que decía y no era tan bobo, ni mucho menos, dio una explicación bastante práctica. Pepe tenía vacas y Máximo no las tenía. Pero había tenido bicicleta.

- ¡Mira Máximo! -le dijo Pepe- con una bicicleta no tendría que estar esperando ahora. Voy y vengo de Potes cuando quiero. Si se pone unu malu, se coge la bicicleta y en un momentu avisas a D. César.

Moviendo la mano con el dedo pulgar extendido, p'arriba y p'abajo, parándose abajo cada vez que decía algo, continuó diciendo:

- ¡Que receta... (y apuntó con la mano p'abajo), con la bicicleta a la botica! Puedes hacer palas en el monte o duelas. Con la bicicleta pasas más allá de Piedrasluengas por la noche sin que te vea el guardamontes. Porque ya lo ha hechu Lastra y se ha ganau sus buenos duros. To ésto y más.

- Como darte un trastazu con la bici. Si te lo das, madre mía que cotorrones me di yo una vez, dijo Félix.

- Mira Pepe, le dijo Máximo, con una vaca se tiene leche. Si hay leche, hay manteca y queso. Y con no mucha suerte si cría todos los años tienes un jato. El jato se vende, tapa gastos. Si tienes suerte de que es jata, puedes llegar a tener dos vacas. Todas estas cosas arreglan pero que muy mucho a una familia.

- O se quede horra, o le dé el mal de la boca, o se mata en el Bustiellu o aborta. Porque de todo esto ya saben algo los que aquí están. Dijo tíu Milio Lera, estoico y sentencioso por las cosas de la vida.

- Esti es un tíu listo, me murmuró al oído Fael.

Algo carraspeó D. Lino. Nadie entendió lo que dijo, pero todos le comprendimos.

Con su clásica parsimonia, hablando lento, tomó la palabra tío Vicente Benito. Era de los pocos que entonces leían. Estaba suscrito al YA. Entendía bien las cosas de política y de economía local.

- Mirando a los dos casos... yo creo... que lo mejor es tener vaca y bicicleta, si se puede, digo yo. A lo mejor no se puede ni lo uno ni lo otro, lo sabe mejor el vecinu en su casa que en la ajena..., lo que conviene, digo yo...

- No se discute eso, dijo Máximo, se discute entre vaca o bicicleta. Yo mantengo que es mejor y más práctico en estos pueblos, tener vaca.

- Mira que eres neciu, dice Pepe. Te he dichu unas cuantas razones. Por mucho que me digas, yo digu lo dichu y dichu está.

Priano Salceda estaba allí callado. En albarcas, con la gorra puesta. En ella un poco de grana. Quizás había descargado un carro de hierba. Se dirige a Félix Campo y le dice:

- Máximo no está avezau a ir a Igüedri. ¡Hom...!

- Ni el otru a subir la cuesta de Los Llanos en bicicleta; cuando suba la primera vez, si llega a Casa Froilán a tomar el cuartillo, no alienda.

Allí estaba muy callado, sin decir nada y escuchando, Pepe Calvo. No era precisamente mi tío, el Alcalde de Camaleño, era Pepe Calvo Lera. Mucho menos hablador y mucho más sentencioso que mi tío.

Sacó la petaca, el librito de papel Zig-Zag. Hizo su cigarro. Sacó el mechero de mecha amarilla con varios nudos y chiscó. Prendió la mecha, encendió el cigarro y soltando una bocanada de humo en un momento que le dejaron, tomó la palabra.

- Bien visto el casu... yo creo... que como veo las cosas..., a mi manera de ver, al respective de lo de unu y otru, teniendo en cuenta lo dichu... lo mejor es una yegua. Se puede montar. Aunque no vaya tan deprisa como la bicicleta, se puede avisar a D. César. Y con menos trabaju al volver. Se pueden pasar las palas por Somu que es más seguru que Piedrasluengas, por mor del guardamonte. Puedes ir al Puertu, a las vacas y puestos a dar, lo que es dar, ¡coño! también da lechi bien mirau.

- ¡Eh!, o algo así, dijo D. Lino. Nadie entendió lo que dijo pero todos comprendimos.

Máximo volvió a hablar. Dijo que dejando las bromas aparte y razonando tranquilamente entre vaca y bicicleta, nadie podía negar que la vaca rentaba. La bicicleta después de algún tiempo no trae más que averías y un día se acabó.

- ¡Coño! La vaca también come y un día se muere, dice Félix Campo.

- ¡Sí señor! ¡Sí señor!, contestó Pepe, tiene razón Félix; o se mata en Áliva y se acabó antes que la bicicleta.

- Pero ¡queda la cría! ¡queda la cría!, contestó Máximo sin dejar hablar a Félix, que quería decir algo.

- Si aborta no queda nada... y de la bicicleta un día tampoco... porque en esta vida todo se acaba, dijo tíu Milio Lera, muy estoico.

- ¡Esti tíu sí que es listu!, nos dice Fael a Priano y a mí.

- Anduvo mucho por ahí ajuera, dice Priano.

La discusión ya tenía interés. Había partidarios de la vaca. También los había de la bicicleta. Las opiniones eran muchas, con ironías a uno y otro. Por no haber acuerdos no se llegaba a una conclusión.

En esto llega el coche de línea. Como el general Pavía o Tejero al Parlamento. En aquel parlamento rural. Debajo de un mijuelar. El árbol político de Espinama. Con la cantidad de hayas y robles centenarios que hay. Pues no, un mijuelar como todo lo de hoy.

Pepe dio media vuelta y cogió algo que le dio Nino. Se dirigió a Máximo:

- Pues pa ti la vaca. Que se ponga unu malu y monta, monta... verás que deprisa vas.

- Pues ordeña tú la bicicleta y verás cuánta lecha da, dijo Máximo.

Bien mirau... bien mirau el asunto con la óptica de hoy, Pepe Calvo hubiera dicho ni lo unu ni lo otru. Coche. La vaca que la ordeñe otru o con ordeñadora mecánica. Pa eso existe el paro, la Seguridad Social que tapa cosas aunque no todas.

Saturnino Calvo Llanes

Nota.- Me he permitido añadir algún punto y aparte y guiones de diálogo al texto de Luz de Liébana para favorecer su lectura. La foto es de junio de 1962 de E. Mateu, a quien agradezco que me la enviara, junto a otras del Concejo, hace ya unos cuantos años. Añado también la foto del mijuelar facilitada por Inma Rodríguez (¡gracias!).

© Gabino Santos, 2026