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NOCHE DE REYES,
por Susana Fontán

(Dedicado a Geni Pariente)



Ya faltan pocos días para Reyes y ha estado nevando mucho durante la última semana en Espinama. Hace frío y esta noche ha caído una helada de las fuertes, tanto, que sólo sacar la nariz de la manta da hasta miedo.

Anita se levanta de la cama con determinación y se viste con rapidez pues oye a su padre entrar en la cocina tras dejar las albarcas en la puerta. José viene de la cuadra meneando la cabeza. La Tuerta está mustia y no come lo que debiera, y le preocupa que se le malogre el jato nuevamente como el año pasado.

Tiritando, se lava la cara con agua en el balde y Pilar su madre le ayuda a peinarse las trenzas mojándolas un poco para deshacer esos rizos que se le rebelan. Tiene el pelo castaño, lleno de nudos, pero el peine ha perdido otra púa más y no hay manera de domarlo. Finalmente entre risas consiguen algo presentable.

Brasero que llevaban a la escuela en Cepeda de la Mora, provincia de Ávila. Foto tomada de la web http://www.elrollodecepeda.org. Los de Espinama eran similares. Pulse para verlo más grande Ya en la cocina, se toma a toda velocidad un tazón de leche caliente con unas sopas de pan y una cucharada de miel. Ahora sí que entra en calor, con el estómago lleno.

José le ha preparado el brasero, en una lata vieja de membrillo con una capa de ceniza por encima para que le dure toda la mañana en la escuela y lo tiene listo junto a la lumbre con el cuaderno del colegio y los lápices.

Un beso a su madre y ya dispuestos emprenden la marcha. Desde Resturo hasta la escuela hay un paseo, pero ahora en invierno, las katiuskas le resbalan en el hielo. Son los días que más le gustan a Anita, porque José la carga sobre la espalda, y ella se abraza a su cuello con fuerza. La niña va cantando bajito las canciones que le ha enseñado la abuela, y José escucha en silencio, serio y adusto, pero le brillan los ojos. Para él no hay un momento del día mejor.

Teresa, la maestra, se ha dado cuenta de que este último día antes de vacaciones los niños están distraídos y les ha puesto una sola tarea: la Carta a los Reyes Magos. Ella se va unos días a pasar las fiestas a su pueblo, en Avila, y les ha prometido que las echará al buzón para que les lleguen cuanto antes a Oriente, un manojito de peticiones infantiles.

Anita remueve las brasas con un palo, y se concentra en la Carta. Cada año les pide lo mismo: una muñeca, pero nunca se la traen. Eso de vivir en el final del pueblo es un problema. Los Reyes vienen por la carretera de Potes y cuando llegan a su casa se les han terminado las muñecas. Junto a sus zapatillas aparecen unos caramelos, o unos chocolates, o como el año pasado que le trajeron ¡una moneda de 5 duros! Pero Anita no pierde la esperanza, y siempre vuelve a la carga. Este año tiene una corazonada, sabe que se ha portado bien, que cuando su abuela ha estado enferma ha sido ella quien ha estado a su lado cuidándola todos los días. Pero eso no arregla el problema de la situación de su casa. Siguen estando al fondo de Espinama, junto a la Gatera, y eso tiene difícil solución.

Una tudanca que bien podría ser La Tuerta. Pulse para verlo más grande La carta está casi terminada. Su letra infantil les sugiere a Sus Majestades que ella está dispuesta a sacrificar todos los regalos del futuro. Nunca más les volverá a pedir nada.... De pronto le asalta una idea. Pensándolo bien, recuerda la cara seria de su padre de por la mañana y ... no, este año no debe haber nada para ella, reflexiona con gravedad. Ellos ya saben lo que hace falta en su casa, así que es mejor que olviden su petición de siempre. La Tuerta necesita tener su jatín, y si Baltasar su Rey favorito le pudiera echar una mano... les dibuja una vaquita con un jato pardo y patilargo, y al final pone su firma con decisión, Anita Briz - Espinama. Su nombre suena bien, con un apellido sonoro y contundente, muy Lebaniego, pero eso también es importante ¿no?

Pasan los días y Anita estrena orgullosa para la Misa del día de Navidad una falda azul marino con un jersey rojo de ochos, que su madre le ha tejido a lo largo del Tardío. Las fiestas de San Esteban y San Estebín pasan de largo y ya queda poco. Por fin llega la noche de Reyes, y Anita coloca sobre la trébede sus zapatillas. José pone también las botas y Pilar coloca con una sonrisa sus zapatos de los domingos. Cuando llega la noche Anita aprieta los ojos con fuerza para dormirse pero su corazón late con fuerza y no lo consigue fácilmente ... El frío le hace taparse hasta los ojos y así, suavemente, se desliza en la inconsciencia.

Suena un fuerte golpe y se despierta bruscamente; ha oído un portazo y unos murmullos en la cocina, a la vez que se ve la claridad del amanecer. Es un día luminoso y Remoña se recorta en su ventana, nevada y rojiza, imponente y vigilante. Se incorpora en la cama y llama "¡¡madre, madre!!"

Pilar se acerca y le dice: "Anita, ¿estás despierta? Anita, fíjate, la Tuerta, ¿sabes qué pasó?... ¡Parió la jata más preciosa que nunca se vio en el pueblo, pardina, con una orejita negra, y ella solita, sin ayuda! ¡¡Tu padre lo ha visto esta mañana al entrar en la cuadra!! ¡Mira Anita, mira lo que nos trajeron los Reyes!"

Anita se ríe, pero no dice nada, ella ya lo sabía... Y Baltasar también le ha puesto la firma a su regalo...

José entra en su cuarto y la coge en brazos y la lleva a la cocina. Junto a las botas de su padre hay un puñado de avellanas, y los zapatos de su madre han recibido un flamante paquete de horquillas.

Pero ... los Reyes han dejado algo más: sobre la trébede, junto a las zapatillas de Anita está SU muñeca, con unas trenzas de lana amarillas, mirándola sonriente con unos ojos negros con largas pestañas bordadas, y un bonito jersey rojo con ochos, igualito que el suyo.


Susana Fontán - Navidad 2009