¡AQUELLOS RENACUAJOS!

Chuchi Quina recuerda otra anécdota que le sucedió un día en que fue de vecero con las ovejas a Áliva:

«Érase una vez que dos niños tuvieron que ir de pastores con la vecería de las ovejas del pueblo, porque ésta les tocaba por corruda a su casa en el barrio de Quintana, Espinama, Liébana, Cantabria.

Entonces habría un rebaño de unas 300 ovejas en el pueblo de Espinama, o tal vez más, y tocaba llevarlas a pastar a los puertos de Áliva; aunque había otros lugares, éste era el más usado para estos animales. Según las normas del pueblo, cada vecino tenía que guardar las de todos a razón de un día por cada seis ovejas que tuvieras; por entonces nosotros teníamos que cuidar de pastores tres días, teníamos 18 o pocas más.

Comenzaba la jornada muy pronto para la madre que preparaba la merienda a llevar para comer y merendar el pastor y el o los perros que acompañaban a éste. Lo envolvía y guardaba curiosamente en la zurrona o zurrón que decíamos allí; alguna pasta o chocolate no solía faltar porque no dejábamos de ser unos niños de entre 6 y 7 años. A las 8 desayunabas un tazón de leche con pan o algún sequillo (tipo de pasta hecha con harina, azúcar, huevo y mantequilla, todo al horno) y te vestías con las peores ropas que tenías y alguna chaquetona vieja de tus padres colgando de la zurrón/a y en sus bolsillos una navaja, un mechero o cerillas y algún trozo de papel para poder arrancar una lumbre si hacía frío (fogata para calentarte); bien embracilada a la espalda, subías hacia la carretera para asomarte a los barrios de Resturo, de Quintana, de La Posada y de la Cortina y dando unos gritos orientados hacia cada barrio se decía bien alto, "por las ovejas" repetido varias veces y entonces desde cada barrio iban llegando a la plaza cada uno con las suyas y, una vez sabido que nadie faltaba, te hacías cargo de todas y comenzabas a hacerlas caminar por el camino de Igüedri hasta la Riega de la Regollá donde abandonaban el camino y por unos senderos iban subiendo hacia el Collau Campo, donde estaban las ruinas de las viejas Tejeras. Allí tomaban otros senderos que por los Hoyos dejaban los invernales de Igüedri a sus pies y pasaban a Áliva por las Portillas de Enmedio, por debajo del camino de Pembes y una vez allí ellas solas iban pastando a la vez que caminando hasta Salgardas, El Tesoru, Campo Menor, etc etc.

Se llamaba por las ovejas un poco antes de las nueve y comenzabas el ascenso a eso de las nueve y poco; hasta la Regollá no había parada, algún pelatu que robaran de algún prado del recorrido hasta que los perros las volviesen al rebaño y una vez en la Riega de la Regollá comenzaban a pastar sin parar, pero desde ahí hasta Áliva ya pastaban mucho; solíamos llegar a Igüedri sobre el medio día. Ahí como las veías desde que asomaban al Collau Campu te ibas con tus perros al invernal y de vez en cuando mirabas por dónde iban y te daba tiempo a tumbarte un ratucu, a jugar a algo, a entretenerte, etc...

Pues bien, aquí comienza la historia de "los renacuajos". Era verano y mis primos de Madrid venían a veranear a Espinama; total, a mi primo José María y a mi nos tocó hacer de pastores obligados porque así te lo pedían en casa. Mi primo, gran aficionado a todo tipo de bichos, influencia total de Félix Rodríguez de la Fuente y su programa y antes de ese programa a la influencia de su padre también muy estudioso de la fauna y flora, cuando nos acercamos a la fuente y bebedero de la Curvona en Igüedri, junto al invernal de Toña Lera (+), echamos un trago de agua fresca y también nos refrescamos cabeza y cara pues hacía mucho calor. Dejamos allí la zurrona sobre el altillo donde sale el tubo con el chorro y en calzoncillos nos metimos en el abrevadero donde bebe el ganado y hacíamos largos de natación, imaginen... ja ja ja. Poco después descubrimos muchos renacuajos dentro de ese agua, unos ya perdiendo la cola en el proceso de transformación a rana y los más jóvenes más alargados y de cuerpo más fino. Lo cierto es que nos pusimos a cogerlos con las manos para ver bien si ya tenían las ancas traseras formadas o no, etc etc.

Al final subimos al invernal y desocupamos un cacharro en el que mis padres tenían sal para las vacas y le llenamos de renacuajos, pero claro, las ovejas ya habían pasado para Áliva, así que debíamos seguirlas. Nos vestimos, subimos el recipiente al invernal de nuevo y tiramos camino de Áliva por el Canchal, Las Portillas, Covarance y allí las teníamos controladas hasta que pasaran las Cuevas a Las Llaviás y El Tesoru. Otra vez había tiempo de juego y como por allí baja el Nevandi, en aquella época del año con muy poca agua, quedando algún pozo aislado continuamos cogiendo y soltando renacuajos y pequeñas ranitas... El tiempo volaba y teníamos hambre, por lo que decidimos buscar una buena campera y abrir nuestra zurrona para ver qué nos habían metido de comida. Eran ricas meriendas, jamón de casa, lomo de orza en aceite, pan, chocolate, sequillos, café con leche y azúcar fresquito en una botella y un manjar para mi hasta ese día, calamares en su tinta. Bufffffff. A mi primo también le gustaban, creo recordar. La cosa es que sacamos primero una lata de esas para cada uno y la abrimos con dificultad con aquellas llaves que traían que se iba enroscando la tapa de la lata estañada a ésta, pero lo logramos.

De lavarnos las manos no nos acordamos, aunque hubiera sido igual porque sin jabón poco íbamos a arreglar... Nos lanzamos a comerlos sobre rebanada de pan de aquellas hogazas y lo sacamos con los dedos de la dichosa lata. El primer mordisco me supo y olió a renacuajo; parecían renacuajos... Olímos las manos y olían muy fuerte a renacuajos, qué asco, casi vomitamos, las tiramos a un agujero sin probar nada más que el primer intento... Pero claro, el olor de las manos no salía ni lavándolas con arena del río ni con nada. En resumidas cuentas, toda la comida fue para los dos perros, Cotán y León creo, y todo el día con un hambre tremenda y cada vez que intentamos llevar algo a la boca... Olor y sabor a renacuajos.

Nunca lo olvidaré y aquellos calamares en su tinta con forma de renacuajos y el color de la salsa similar a lo que salía de sus tripas cuando espachurrábamos alguno... Buffffffff

Toda una experiencia y todo un fiasco la lata de calamares en su tinta.

06~03~2022. Chuchi Quina»