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Un río de mi pueblo, Espinama: RÍO NEVANDI

Vine a la vida en forma de pequeños regueros en Salgardas, fruto de filtraciones de la llanura que hay entre El Chupín y El Refugio; con lentitud y paciencia se fueron juntando cada uno de estos regueros y comencé a ser yo al paso por las majadas de Las Llaviás, donde se fueron incorporando pequeñas fuentes y debajo de Las Cuevas, donde arranca el camino hacia Pembes, se me unieron otras dos fuentes más, haciendo que mi caudal subiera, pero siendo aún pequeño, marchaba lento, aprendiendo a caminar, relajado, sin grandes prisas y por un cauce fácil de recorrer, sin pendiente y entre suaves camperas. Al llegar a Covarance fui invadido por gran caudal y muy frío; procedía del gran manantial del mismo nombre, que está al lado de la cruz de piedra que recuerda una tragedia sucedida a gentes de Espinama durante un rescate en una gran nevada y un alud los arrastró.

Mi sabor a tierra y campera pasó a ser a caliza y de bajar más bien caliente a estar helado y tomar un caudal considerable además de sonido de río. Tardé poco en llegar a Las Portillas de Abajo y allí perdí mi tranquilidad y comencé la locura, me convierto en aguas rápidas y muy bravas.

De pronto me veo cayendo en picado por entre los prados del Canchal, del Hormigueru, Hoyu Igüedri hasta llegar al Hoyu de Linares, llegué allí flanqueado a un lado por Las Tejeras, El Bustiellu, Aguasel y Valdecoro y por otro Las Portillas de En medio, El Camino de Pembes, la majada de Igüedri y Los Hoyos.

Al llegar a los prados del Hormigueru se incorpora otra gran fuente con varias salidas y tan fresca como la de Covarance; se llama La Fuentona. Allí viene el paso a vao sobre mi cauce del camino que va por Aguasel, Cueva, el Bustiellu y su eterno espinu (desde donde vigilábamos al ganado y donde tantas zurronas se vaciaron a la hora de comer). Este camino se dirige hacia la majada de la Serna, por debajo de la cozpeña de Valdecoro.

Poco más abajo se incorpora de nuevo otra reguera, riega para nosotros, procedente del salto de Aguasel, desagüe natural del valle de Valdecoro; cerquita a ésta me llega un reguerito de la fuente del Hoyu Igüedri, también otra pequeña riega en Linares, ya en el llano de su prado, procedente de Cueva y por fin vuelvo a tranquilizarme, la pendiente se suaviza y recibo otra riega de la Corona y Frades, cuando muy poquito antes se unió a mi la riega de La Regollá por la izquierda y otra de Tobín por la derecha y poco antes de la fuente y depósito de La Arena, sigo bajando por las Varas, El Redondo y ahí se une la de Tobín y poco después algo baja de Roñas y tal vez de Vallaboli.

Una vez recibo estas últimas incorporaciones a mi caudal, entro grandioso y con poderío en las primeras casas del pueblo de Espinama, la casa de tío Ángel Alonso y tía Paula a la izquierda y la de tío Agapito a la derecha y me ponen a realizar mi primer trabajo para el ser humano, ya que debo mover las muelas del molino de grano que donde casa de tío Agapito existió y poco más abajo cruzo mi tercer puente (el primero fue en Las Varas para subir hacia Roñas; el segundo, para subir a Vallaboli y la Serna; y este tercero en el barrio de La Posada, para ir por Trescardá hacia el barrio de Resturo y el pueblo de Pido), cruzo toda La Posada y encajonado entre pequeños huertos y casas llego a cruzar el puente de la carretera nacional a Fuente Dé y sigo encajonado hasta el paso a vao de la casa de Félix Campo y debajo de la casa de Apio y Cheli, sobre un banco de madera, veo escrito por primera vez mi nombre en un cartel posado sobre éste: "NEVANDI". Ahí me regodeo y me muestro para luego meterme por el ojo del precioso y antiguo puente de San Vicente y a pocos metros de nuevo, vuelvo a realizar mi segundo trabajo para los humanos, un nuevo molino, "El Molín Quintana", con su pozo que también sirvió para abrevadero de ganado en un bebedero de madera que del pozo del molino se surtía y otra cosa para lo que fui usado en este lugar fue como lavadero para las mujeres del barrio de Quintana.

Después de este molino y haciendo de frontera natural entre los barrios de Espinama llamados Quintana y La Cortina, llego al fin de mi existencia desembocando en el río Deva.

A éste le aporto mi caudal, mi sabor a las nieves de Áliva y la caliza disuelta en mi, lo mismo que la tierra y campera que arrastro en mis lodos y que el Deva depositará en el mar Cantábrico de parte de los Picos de Europa por Espinama a su llegada en Unquera.

La vida y muerte del río NEVANDI por

Chuchi Quina, 19/05/2019

Nota.- Ilustro este recuerdo de Chuchi Quina con una imagen del río a su paso bajo el puente de San Vicente.

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