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EL PRIMER HOMBRE DE RAZA NEGRA QUE VI EN MI VIDA
(dicho sin acritud ni xenofobia)

Érase una vez unos niños que vivíamos en un pueblo lejano muy incomunicado por aquellos años 1957, tal vez fuera en 1958, lejos de las ciudades con vidas más cosmopolitas y también más viajados que dan unos mayores conocimientos del mundo. Este lugar está ubicado en las faldas de las impresionantes rocas calizas del macizo central de los Picos de Europa por Cantabria, al final del valle de Camaleño en la comarca de Liébana, llamado Espinama y que somos linderos con el pueblo de Sotres, Asturias al norte; Santa Marina de Valdeón, provincia de León al noroeste; pueblos de Palencia a suroeste.

Nuestra comunicación con gentes de estos lugares era propiciada por el pastoreo del ganado al tener pastos comunes linderos, porque en muchas ocasiones animales nuestros pasaban a su zona no vallada y viceversa, pero al final siempre podías coincidir con gentes de esos lugares en días de pastoreo y búsqueda de animales extraviados de las cabañas de ganado.

En esas largas horas daba tiempo a hablar de todo y no cabe duda que era un camino de conocimientos de costumbres y vidas de otras regiones, pero pobre dado nuestro nivel social y cultural, no era equiparable a caminos como los de Santiago.

La otra relación con seres más capitalinos eran los viajes a ferias o mercados los lunes en Potes, centro administrativo y cabeza de partido, lugar de comercio y otras gestiones para los cuatro valles lebaniegos, Camaleño, Cereceda, Pesaguero y Cillorigo.

En fin, esta vida y estas relaciones teníamos aquellas gentes de mi pueblo; siempre hay algunas excepciones, sobre todo aquellas familias más pudientes que teniendo familiares en Santander, Torrelavega, Oviedo, Gijón, Bilbao, San Sebastián, etcétera, viajaban a estos lugares más lejanos, donde podían ampliar su visión del mundo. Nosotros, en Madrid, pero eran ellos quienes nos visitaban debido a que disponían de vacaciones, cosa esta de la que no puede disfrutar un ganadero y casi diría yo un agricultor por ser las épocas de más trabajo en el campo.

Pues bien, aquel niño uno de tantos días, tenía que llevar las ovejas para parir y algún corderín nacido ya a un prado cerrado en El Cao Lamuela, pasando por el camino de Pierga y al llegar al Traveseru vi que al otro lado del río Deva, había una ciudad multicolor de tiendas de campaña y una especie de poste alto del que colgaban muchas banderas, supongo que serían una de cada país asistente a esa acampada.

Aluciné con todo aquel hormiguero de gentes, chavales y chavalas moviéndose entre aquellas bonitas tiendas y sonaba también música.

Los nervios se apoderaron de mí y también me nació una gran inquietud con aquello, había que acercarse al lugar para ver bien qué era lo que veía y de qué se trataba. Era verano, tal vez Julio o Agosto, había muchos quehaceres en mi pueblo, segar la hierba para el ganado en invierno y su recogida ocupaba todas las horas del día y parte de la noche, desde la Feria de San Pedro en Potes que con dalle nuevo (allí guadaña), se comenzaba la siega y venía a durar hasta el 16 de agosto San Roque, fiestas en Pido.

Por las tardes los críos que nos juntábamos por allí íbamos hasta Pares, Garajes de Abajo y mirábamos para ver lo que hacía aquella gente. Mucho eran las tareas tipo mili, limpiar, cocinar o ayudar, ventilar los sacos, juegos variados, muchos no conocíamos y tampoco entendíamos por el idioma que hablaban... pero lo cierto es que cada día íbamos a husmear lo que había con chicos más o menos de nuestra edad... también jugaban al fútbol y eso nos acercaba más fácilmente porque para ese deporte no es muy necesario saber idiomas.

Total, a mí me habían traído para mi cumpleaños mis tíos de Madrid, entre otras cosas un gran balón de goma multicolor, de tacto de puntitos, como los de baloncesto y a colores vivos en forma de gajos de una naranja. Creo recordar que entre los que íbamos aquel día estaban entre otros: Chuchi Mariano, Ike, tal vez Enci, José de Tea, tal vez más que no recuerdo. Ya algo envalentonados nos acercamos del todo a las tiendas para ver de cerca cómo eran por dentro y por fuera y, si pudiera ser, echarles un partido o juegos en general. Pero claro, no nos entendíamos por el idioma y uno de ellos, con buen criterio y ganas de entendernos se fue a buscar, entiendo yo ahora, a un monitor y de pronto apareció por entre las tiendas hacia nosotros un pedazo de tío muy grande en pantalones cortos y deportivas con una camisa medio abiertos sus botones, negro brillante, pero negro total, labios muy rojos y grandes y una gran sonrisa, que dejaba ver unos enormes dientes blancos brillantes y gritando vayan ustedes a saber qué. Claro, aquello era impactante para este niño que lo más parecido a un negro que había visto en su vida habían sido aquellas huchas de pedir para las misiones... pero nada que ver, ya habríamos dado en la escuela las diferentes razas del planeta: blanca, amarilla, negra y cobriza creo recordar que ponía aquella enciclopedia Alvarez o algo así... buffffff, fue una visión tan fuerte e impactante que yo creí sería nuestro último día vivos y que iba a comernos sin remisión, vamos, que estábamos perdidos para siempre. Así que a correr como locos para el pueblo sin aliento y muertos de miedo porque un negro nos iba a comer, digo negro como su raza, sin acritud ni tampoco racismo.

Qué susto, porque el muchachón intentó acercarse corriendo un poco para aclararnos lo que fuera así que todavía aquello era más complicado para nosotros, nos perseguía para comernos...

Aquello no podía quedar así, por lo tanto estuve pensando cómo poder hacer frente a ese muchachón varios días si volvía a por nosotros... pero no podíamos dejar de visitar aquella acampada... total, tengo un primo muy aficionado a los animales y una época le dio por los reptiles, cogíamos culebras, lagartos, babones o nabones les decimos por allí, son parecidos a las culebras y hay muchos por los prados que son fáciles de coger cuando se siegan.

Teníamos en casa una caja de zapatos llena de las dos cosas vivas que alimentábamos cada día, con agujeritos en la tapa... entonces me vino la luz... me llevaría una culebra viva de esas en el bolsillo y si el negro venía a por mí se la sacaría hacia su cuerpo o tiraría a su cara, pero esa sería mi arma secreta.

Llegó el día, mi culebra viva en el bolsillo del pantalón con mi mano dentro sujetándola y muy crecido porque me sentía con un arma letal y allá que volvimos. Como era de suponer, el pobre muchacho negro con su mejor sonrisa volvió a buscarnos encaminando sus pasos hacia nosotros; estuve por correr pero aguanté un poco más muy acojonado y cuando le tuve a tiro le saqué la culebra hacia su cuerpo y bingo... comenzó a correr para otro lado gritando y visto lo visto, culebra al bolsillo y otra vez pies en polvorosa para el pueblo.

Fue un verano divertido y Espinama tenía de todo para unos niños... parece ser que fue un campamento internacional.

La segunda persona de raza negra que vi en persona fue una empleada que tenía un alemán que montó una fábrica en Tama, cerca de la gasolinera.

Chuchi Quina, 23/10/2022

© Gabino Santos, 2022