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AQUEL EXTRAÑO CHOCOLATE

Chuchi Quina recuerda «Cosas de niño de las que a día de hoy no me siento muy orgulloso:

Éranse una vez, hace muchos años, unos niños ejerciendo de pequeños vaqueros en un hermoso pueblo ubicado en un estrecho valle por cuyo centro corrían dos rápidos y poderosos ríos de aguas bravas, bajo las laderas de las imponentes rocas calizas del macizo central de los Picos de Europa en Cantabria; el pueblo es Espinama y los ríos Deva y Nevandi.

Era verano avanzado, no teníamos colegio y por tanto estábamos obligados a ayudar a la familia y así lo teníamos asumido, ejerciendo de pequeños hombres que aportaban su esfuerzo para paliar un poco aquellas tediosas jornadas de trabajos agrícolas y ganaderos limitados por el tiempo a esa altitud y latitud norte.

Cada día sobre las cinco de la tarde, nos íbamos juntando según tomábamos el camino hacia la majada donde tenían las distintas familias las cabañas para guarecer las vacas en las noches frías, antes había que ir a buscarlas al puerto y luego encerrarlas prendiéndolas con las presorias a cada pesebre para poder ordeñarlas. Eran los invernales; parecía un pueblo con sus barrios. El ordeño no era fácil porque aquellas tudancas en su mayoría eran duras de domesticar y por supuesto que toda precaución era poca para evitar que sus patadas alcanzaran nuestro cuerpo o casi peor, aquel tanque de ordeño y que se derramase la leche sacada porque luego bajarías a casa sin leche suficiente con la consabida bronca al haber perdido algún litro por lo que no podían venderse a la central lechera de turno. (Llamábamos tanque a unos botes de aceitunas rellenas de aproximadamente un kg y de forma cilíndrica que el hojalatero de turno le estañaba un asa con piezas de lata curiosamente dobladas).

Estos hombrecillos por sus labores, con cuerpos, mentes y sangre de niños, no podían evitar finalmente ser eso, niños con sueños y ganas de jugar o de hacer alguna que otra trastada (la edad máxima andaría por 11 años, tal vez 12 y la mínima de 7 años). Éramos unos críos en estatura y pensamientos, que estábamos obligados a hacer trabajos de hombre.

Pues bien, puestos en antecedentes ya todo el grupito de colegas juntos, salíamos del pueblo por un camino de carros en dirección a la majada; nos esperaban unos cuatro km de duras rampas andando hasta llegar y con nuestra lechera de siete u ocho litros de capacidad, pero vacía todavía. Igüedri era la majada.

Llegando a la Varga de La Corona nos encontramos con un coche DKW matricula holandesa, tal vez alemana, a la altura del paseru de los prados de la parte baja, cerca de la riega del mismo nombre.

Era un coche de aquellos que usaron mucho los hippies en años posteriores, aunque éste no parecía tan pintorrojeado, un solo color y limpio por dentro a tenor de lo que veíamos a través de sus cristales y las de atrás, una lateral corredera y portón trasero. Por la lateral no veíamos mucho, pero sí desde el portón trasero... Una caja con botes y latas y otra con galletas y chocolates o eso parecía......, piolés, botas de montaña, anorak, etc etc. Vimos que no pudieron subir aquella dura rampa porque se apreciaban los patinazos de sus ruedas.

Una vez analizado éste, las posibles causas de no subir la cuesta, la no destreza del conductor, etc etc, seguimos camino de nuestras obligaciones.

Espinama siempre tuvo un turismo extranjero desde que alcanzo a recordar y lo sé por el miedo que les teníamos los niños ya que los padres llevaban niños en aquellas mochilas, parecidas a las que ahora utilizan para llevar los bebés, pero claro, para nosotros eran los tíos del saco, con ellos nos metían miedo para tranquilizar nuestros alterados ánimos. ¡Verles y salir corriendo era lo normal....qué miedo!

En fin, aquel coche estuvo allí más de diez días y se pueden imaginar que cada uno que pasábamos a su lado le revisábamos a fondo y tirábamos de todas sus puertas para intentar abrirlo y así poder comer aquel supuesto chocolate con tan bonitas ilustraciones y mucho colorido; piensen que veníamos del que vendían por Espinama en la época, Horno San José, color azul casi marino y letras blancas, y Elgorriaga, creo blanco y marrón la campana y el nombre; por lo tanto aquello que veíamos desde el cristal del portón era o debía ser algo delicioso.

Probamos tirando de la corredera lateral que cedía un trozo dejando una ranura que con poco más servía para pasar uno algo tirillas mientras los otros tiraban a la vez. Visto aquello decidimos qué día cometer el asalto y quien entraría; también acordamos poner disculpa en casa por tema vacas para salir todos media hora antes, etc...

Finalmente lo conseguimos, no sin reventarnos tirando y es que estaba reforzado por dentro haciendo palanca un piolé que se iba clavando en el respaldo del furgón, rápidamente me tocó pasar a mí, cogí unas cuantas tabletas de aquellas, creo recordar unas seis para que no se notara mucho la falta y un paquete de galletas rellenas.....una vez fuera lo cerramos bien y salimos corriendo hacia el camino de Cueva y en un sierro, subidos hacia el monte decidimos era buen lugar para probar el manjar a la vez que vigilábamos el camino en ambas direcciones y de allí a Linares, Hoyu Igüedri y la majada...

Nos pusimos primero a hacer el reparto de la primera y joerrr, malísima, sabía a menta, picaba, a ninguno nos gustó ni un poco y así fuimos probando todas pero ni una sola nos gustó, algunas sabían salado, otras a hierba buena, otras a sabores nunca probados, etc etc. Total, fue un gran fracaso y encima tuvimos que buscar dónde esconderlas bien para que nadie las encontrase y nos pudieran descubrir.

Pasamos todo el verano y el tardíu preocupados y más una vez que aquel coche se fue de allí, pensando que nos denunciarían por el robo de aquel chocolate o lo que fuese y llamaría cualquier día la guardia civil a la puerta de nuestras casas.

Buffffffff, doy fe de los hechos y de que no cogimos nada más que aquel chocolate malo y de que salimos ilesos y sin más pena o dolor que el cargo de nuestra conciencia, por cierto, no era poco.

Vaya palo viendo encima que no era rico o al menos no nos gustó. Como dice ése, "ir para nada, mejor quedarse".

06~03~2022. Chuchi Quina»

© Gabino Santos, 2022