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TRADICIONES



LA VIRGEN DE LA SALUD

En los puertos de Áliva, compartidos por todos los pueblos del Ayuntamiento de Camaleño, se encuentra la ermita de la Virgen de la Salud cuya fiesta, declarada de "Interés Turístico Regional" en 1998, se celebra el día dos de julio. Es una fiesta de gran tradición en todo el Valle, pero sobre todo en Espinama y Pembes, los dos pueblos más próximos.

No se trata, sin embargo, de una tradición multicentenaria pues originariamente la ermita situada en Áliva estaba dedicada a San Pedro Advíncula, según se puede leer incluso en documentos de principios del siglo XX (y retrocediendo en el tiempo en otros del siglo XVII), celebrándose la fiesta el día primero de agosto. Tiene, por tanto, la ermita una larga historia. A la fiesta del uno de agosto asistía la Corporación de Camaleño, gran parte de los habitantes de los pueblos del valle, los pastores que guardaban las cabañas de vacas en el Puerto de Áliva y los queseros que fabricaban los quesos en las cuevas del Río Duje. El tamboril y la pandereta entretenían a la juventud con los bailes de jota hasta muy entrada la tarde.

Según la Asociación El Ciliembru, que estudia las tradiciones lebaniegas, el cambio de advocación de S. Pedro a la Virgen de la Salud se produjo a finales del siglo XIX, cuando «entre los muchos jándalos que partieron de la Montaña, un joven de Pembes, de apellido Posada, quiso probar fortuna en Sevilla. Como allí tenían gran devoción a la Virgen bajo la advocación de Nuestra Señora de la Salud, el ilustre lebaniego quiso demostrar que él también le profesaba sentida y filial devoción. Compró una preciosa imagen de la Virgen de la Salud, la envió a Pembes y por los vecinos del pueblo fue llevada a la Ermita de Áliva.

Los sacerdotes del valle de Camaleño, como la celebración de la Visitación de la Virgen se celebraba el 2 de Julio, eligieron ese día para la celebración todos los años de la fiesta solemne de la Virgen de la Salud. Comenzaron a celebrarse así las dos fiestas: la tradicional del primero de Agosto y la de la Salud del dos de Julio, prevaleciendo con el tiempo la del dos de Julio y participando únicamente los vecinos de Espinama en la del primero de Agosto hasta 1915-1920
».

La celebración de la doble fiesta se recoge en el libro "Liébana y los Picos de Europa", publicado en Potes en 1913, en el que leemos que casi en la unión de las vegas de Campomayor y Campomenor «hay una ermita (1.470 metros) de humildísimo aspecto, que está dedicada a San Pedro Advíncula y que se inauguró en el año 1851. En las inmediaciones se celebran dos pintorescas romerías: la del santo titular, el día 1º de agosto de cada año, y la de la Virgen de la Salud el 2 de julio. A ambas acuden muchos romeros de Liébana y de los pueblos limítrofes de Asturias (Sotres, Bulnes y Tielve), presentando Campomayor en esos días muy animado aspecto con las comidas al aire libre y el tradicional baile de pandereta».

Lo que está claro es que la nueva advocación arraigó rápidamente. Como muestra de ello, me voy a referir a las celebraciones de los años 1913, 1915 y 1916 de las que se dió cuenta en el por entonces importante periódico comarcal "La Voz de Liébana".

En todos esos años, la concurrencia fue masiva, y ello pese a que, en algún caso, se advierte de la "competencia" de algún acto religioso especial en Santo Toribio o de ser el primer gran día de sol desde mayo, con lo que ello suponía de poder adelantar las atrasadas faenas de la hierba.


Foto aclarada respecto al original cedido por la Asociación El Ciliembru Como ya hemos indicado acudía gente de muy variados sitios de Liébana y zonas aledañas. Se cita expresamente, aparte de la asistencia de casi todo el pueblo de Espinama, la de gentes de Pembes, Mogrovejo, Cosgaya, Turieno, Argüébanes, Potes, Toranzo, Armaño, Piedras Luengas, etc. A ellos se añadían los de los vecinos pueblos de Asturias, respecto a los cuales se hace, en 1913, un comentario interesante que transcribimos a continuación: «Antes era bastante frecuente que en esta romería hubiera riñas y palos entre los de Sotres y los de Liébana. Afortunadamente hace ya años que no se origina ninguna disputa ni se provoca una riña». Disputas aquellas que, tal vez, tuvieran su origen en los conflictos que en su día existieron por la delimitación de los términos de unos y otros en Áliva.

La asistencia la completaban, de un modo destacado, los indianos. En un momento como aquel, en que la emigración estaba a la orden del día en Espinama y todos aquellos pueblos, los que se iban, no dejaban pasar la oportunidad que cualquier retorno les proporcionaba, de acudir a la romería de Áliva, máxime siendo, como lo eran casi todos, jóvenes. Eugenio Briz, Urbano de Benito, Eleuterio Celis, José Bulnes, Crescencia Llorente... son algunos de esos indianos que, retornados aunque fuera sólo por unos meses, no se perdieron la fiesta de la Salud.

Foto cedida por la Asociación El Ciliembru En cuanto a la fiesta en sí, podemos decir que desde bien pronto, el día dos de julio comenzaba el movimiento. A las siete de la mañana (téngase presente que el horario entonces coincidía con el solar, no como ahora) ya estaban instalados junto a la ermita vendedores de dulces y refrescos, que esperaban hacer su día. A pie o a caballo, la gente iba llegando, progresivamente, con tiempo de acudir a la Misa, luciendo, muchos de ellos, «vistosísimos trajes».

Ésta no se celebraba todos los años a la misma hora. Las diez o las once era la hora señalada. El celebrante, en principio, debía ser el párroco de Pembes, «encargado de aquel santuario», a la sazón don Olegario Fernández, aunque excepcionalmente podía ser otro, como sucedió en 1913 en que lo fue el párroco de Baró, D. Martín González Alles.

Durante la Misa, el coro estaba constituido por los vecinos de Pembes, de quienes se nos dice en 1915 que en la primera parte estuvieron regular para terminar bastante bien entonados, y en 1916 que se vio «reforzado con algunos valiosos elementos de la [Parroquia] de Espinama». La Misa se seguía con gran recogimiento, si bien por la «estrechez del local», con alguna incomodidad. Tras la Misa, cuya duración podía llegar a la hora y diez minutos, la gente acudía a adorar «durante largo rato», entonando salves.

Foto cedida por la Asociación El Ciliembru Concluida la Misa, procede buscar refugio frente al sol, en caso de que el día esté soleado. Hay quien utiliza paraguas y toldos para dar sombra mientras otros se parapetan «en aquellas coteras buscando el buen beldador y respirarle con desahogo». Formados los corros, se da buena cuenta del vino y los manjares que se han llevado para la ocasión, «sin más interrupción que el armonioso cántico de unos setenta burros que se contestaban alternativamente».

En la sobremesa (en torno a las dos de la tarde), se procede al rezo del Rosario, tras el cual se realiza la procesión de la Virgen alrededor de su ermita, cantándose numerosas salves y la letanía auretana. En 1916, se señala que el ecónomo de Llaves y Vallejo acompaña, en este acto, al párroco de Pembes.

Concluida la parte religiosa de la fiesta, comienza el baile, que tiene lugar en la parte llana del Campo, a los sones de la pandereta y las castañuelas. En el mismo toman parte muchas y buenas parejas, destacando la presencia de «las Asturianas», «con sus trajes típicos y su peculiar gracia y desenvoltura en los acompañados movimientos», que llaman la atención de más de uno.

Foto cedida por la Asociación El Ciliembru
Foto cedida por la Asociación El Ciliembru

Carreras de caballos y, sobre todo, la «corrida de la rosca» completan la fiesta. En la carrera de la rosca toma parte «lo más aristocrático que había en la romería». De en qué consistía se nos informa de este modo: «se formó un corro de unos 150 metros por cuatro de fondo próximamente, trecho que habían de correr los que se disputaban el ramo». Ramón González, Leopoldo Salceda Encinas (de Lomeña), Marcelino González (de Villapadierna, León) fueron algunos de los ganadores de estos años. Entre los espinamenses, Felipe Pellicer destacaba, al menos en 1916.

Corrida la rosca, el baile se reanudaba hasta más o menos tarde, según la situación meteorológica lo aconsejara. En 1916, en que el fuerte viento, la niebla y, finalmente, el agua, que cayó a última hora, reinaron, a las tres se dió por concluido el baile que, si no, a buen seguro hubiera durado algo más. Concluido el baile, «el desfile se hizo general».

El regreso tenía un alto a la salida del Puerto, donde eran muchos los que se dedicaban a merendar, acabando con lo que quedaba en las mermadas alforjas. Era ocasión, además, para que reaparecieran los sones de las panderetas y las castañuelas, entre quienes deseaban prolongar la fiesta.

Como resumen de lo que era la fiesta de la Salud por aquellos años puede decirse lo que decía "La Voz de Liébana" en 1916: una «fiesta honesta, alegre y concurrida».


LA FIESTA, HOY

Si bien la esencia de la fiesta parece seguir siendo la misma (misa, procesión, comida campestre, la "rosca"), las cosas han cambiado algo.

Para empezar, la subida a Áliva: cada vez son menos los que la hacen a pie y, además, han de hacer frente a la constante subida de vehículos y al polvo que éstos levantan a su paso, por lo que quien quiere ir andando busca itinerarios alternativos (subida en teleférico y bajada desde el Cable, subida por la falda de Valdecoro).

Luego, está la devoción religiosa, inexistente hoy en muchos de los que acuden, primando en ellos el deseo de confraternizar y divertirse, reflejo de los tiempos que corren.


A LA VIRGEN

Esta es la oración que se recoge en la parte posterior de la estampa de la Virgen de la Salud:

Tú, que del triste mortal
eres SALUD y esperanza,
de tu Hijo, Virgen, alcanza
la curación de mi mal.
Y si este bien temporal
no conviene al alma mía
dáme paciencia ¡oh María!
hasta que llegue el momento
en que de males exento
goce la eterna alegría.


Suplicámoste, oh Dios y Señor, concedas a tus siervos gozar de continua salud de alma y cuerpo; y por la intercesión gloriosa de la bienaventurada siempre Virgen María, seamos libres de la tristeza presente y gocemos de la gloria eterna. Por Nuestro Señor Jesucristo. Amén.


En esta página se pueden ver fotos de la celebración en muy diferentes años. Si dispone de alguna foto y quiere que se añada a la galería, hágamela llegar.

Agradezco a la Asociación El Ciliembru (y, en particular, a María Bulnes) las fotos facilitadas

© Gabino Santos, 2006-2007