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LA IGLESIA VIEJA DE ESPINAMA


La más antigua de las iglesias de Espinama que se conservan (anteriormente, hubo otra u otras), dedicada como la nueva a San Vicente Mártir, se remonta a fines del siglo XVI, pese a que sus orígenes suelen situarse un siglo después. Además, fue construida por canteros trasmeranos cuya presencia en Liébana no fue tan habitual como en otras zonas de Cantabria.

En efecto. La construcción debía estar avanzada, probablemente, el once de junio de 1595, cuando se concierta el «retablo del Señor San Vicente», siendo Tomás de Bea, maestro de arquitectura vecino de Anero, quien se compromete a su realización (desgraciadamente, la escritura de dicho concierto está sin desarrollar, constando solamente los intervinientes y el motivo). Antonio García es el mayordomo de la iglesia parroquial de S. Vicente que, junto con Pedro de Bulnes el viejo, Pedro de Caldevilla y María de Benito, contrata con aquél, quien cuenta como fiador con Toribio de Benito, el párroco. Entre los testigos del concierto del retablo figuran los oficiales de arquitectura, estantes en ese momento en el Concejo, Bartolomé Díez de Linares, Juan Ortega de Irias y Juan de Carasa, además del maestro campanero Pedro de la Penilla, vecino de Somo, en Ribamontán, que fueron, probablemente, sus constructores.

Dibujo de 1920 de Máximo Rodríguez. Pinche para verla más grande
Espinama hacia 1915. En el centro se observa la iglesia con su espadaña. Pinche para verlo más grande


Sin embargo, en 1620 aun debía proseguir la obra, ya que en la sentencia arbitral dada en una disputa entre vecinos, se establece que la mitad de la pena que ha de pagar quien la incumpla irá «para la obra de la iglesia del concejo de Espinama».

En 1655 se hacen mejoras en el templo. En concreto, es Juan López de Cantoral, vecino de Velilla de Guardo, quien se obliga a dorar el frontispicio de los cajones del retablo que «son Cristo, San Juan y María», para lo cual se comprometía a bajar y volver a poner el retablo.

En cuanto a la sacristía, su construcción fue concertada en 1674 con Pedro García Rivero, oficial de cantería, vecino de Tresgrandas, uno de los pueblos del concejo de Llanes, y debía estar finalizada para el día de Santiago de 1675. Debía hacerla «en el sitio que asinare el Licenciado Pedro de Caldevilla», cura del Concejo, y «en la conformidad que la pidiere y dispusiere dicho cura, ancho, largo, alto y hechura». En la escritura se establece que sería por cuenta del cantero sacar los materiales en las canteras y toberas mientras que el cura y el mayordomo de la Iglesia correrían con los gastos del carreteo. En caso de que no estuviera acabada el día de Santiago de 1675, el cura buscaría un oficial, a costa del cantero, que lo acabara. Curiosamente, lo que no se estipulaba era precio. Sería aquél en el que se concertaren y, si no llegaran a un acuerdo, el que estipularan dos personas nombradas una por cada parte.

Sin embargo, debieron surgir problemas y la sacristía no se hizo entonces, como lo prueba el hecho de que el nueve de septiembre de 1685, el cura, el Licenciado Antonio Díez de Encinas, presionado por los sucesivos obispos de León y sus Visitadores, concierte nuevamente su construcción, si bien esta vez con Juan Díaz de Obeso, maestro de cantería que dijo ser vecino de Molleda, en Val de San Vicente. En esta ocasión, se precisa mucho más lo que ha de hacerse. La sacristía «a de tener treçe pies en quadro y dos ventanas para la luz, la una de dos soles la que mira al oriente y la otra a la parte de avaxo zesgada por la parte de adentro y la parez vien hecha de cal y canto que tenga de ancho tres pies y de vóveda el cielo de arriva con una puerta de arco que tenga su entrada para el altar mayor de la yglesia parroquial de dicho Concejo vien hecha dexando dispusición para poder poner la de madera que necesita dicha sachristía y uno y otro a de ser no hiciendo perjuicio a la firmeza de la capilla mayor con que oy está y si algún daño resultase se obliga el dicho maestro a él y que corra por su cuenta». El compromiso era que estuviera terminada para el día de Nuestra Señora de Agosto de 1686, pagando al cantero por la obra 550 reales.

La iglesia con la torre que sustituyó a la espadaña. Pinche para verla más grande
Piedra de la pared de la sacristía que se conserva en pie en la que figura el año de su construcción: 1686. Pinche para verlo más grande


Esta vez sí que se cumplió el acuerdo como lo prueba el hecho de que en una de las piedras de la pared inferior de la sacristía (la única que se conserva actualmente) figure grabado "1686", hecho que probablemente haya originado la confusión de pensar que era el año de construcción de toda la iglesia cuando, como vemos, es sólo el de la sacristía.

En el siglo XVIII, la iglesia sufrió una importante reforma. Se llevó a cabo en 1770 por el maestro de cantería Andrés González de Noriega, vecino de Pendueles (concejo de Llanes). El motivo de las obras fue la existencia de «unas quiebras en dos arcos inmediatos al de la Capilla Mayor» y Andrés se encargó de realizar tanto las obras de cantería como las de carpintería a cambio de 2.730 reales, además de la contribución de los vecinos del Concejo para el acarreo de todos los materiales necesarios. Las condiciones estipuladas precisan con gran detalle la obra a realizar (debía desmontar hasta la quiebra «y tiene que ser cuatro pies de los capiteles arriba», poner piedra toba igual a la que tenía, etc.).

Posteriormente, la iglesia se vio beneficiada por las donaciones recibidas para su mantenimiento. Es de destacar, sobre todo, la realizada por Alejandro Rodríguez de Cosgaya -el fundador de la Obra Pía más importante-, recibida en 1780: 40.000 reales, que fueron empleados en abovedar el cuerpo de la iglesia, embaldosar la piedra, sacando las sepulturas que estaban encajonadas por pared interior, etc. Las obras estaban terminadas en 1782, aunque apenas unos años después en 1785 y 86 se realizan nuevas obras en el coro, portales y sacristía, habiendo ordenado el Obispo en su visita de ese año 1786 que se entarimara la sacristía para proteger de la humedad y se pusiera una viga en el tejado del baptisterio. En 1792, se revoca un altar y se pinta un calvario. En 1801, se abre un ovalo en la Capilla Mayor para darla claridad, y se pone un enrejado de hierro. En 1802, ponen puerta y tarima y nuevas obras se hacen ya en 1826 y 1832.

Ya en el siglo XX fue cuando perdió su espadaña original, sustituida por una torre-campanario, y cuando, tras los daños sufridos durante la Guerra Civil, periodo en el cual los republicanos la convirtieron en establo y almacén, fue objeto de nuevas obras entre las que destaca la adición del pórtico arqueado.

La iglesia entre las casas, frente a la nueva iglesia. Pinche para verla más grande
La iglesia, desde la carretera. Pinche para verlo más grande


Perdida su función parroquial en 1968, a raíz de la inauguración de la nueva iglesia, el templo sufre desde entonces un deterioro creciente hasta que las obras de rehabilitación llevadas a cabo en los años 1990 por la Escuela Taller de Potes pusieron freno al mismo. Sin embargo, tras la desaparición de dicha Escuela Taller, con la obra inconclusa, el edificio vuelve a languidecer esperando un destino que, por un momento, pareció podía ser el de convertirse en sede del Museo de Religiosidad Popular de Liébana, sin que llegara a materializarse.

Vèase las páginas dedicadas a los templos de Espinama y a propugnar la rehabilitación de la iglesia vieja.


© Gabino Santos Briz. 9/9/2010