Portada
Portada antigua
Presentación
Ubicación y accesos
Algunos datos
Espinama en las Artes
Geografía
Los pueblos
Naturaleza
Imágenes
Rutas
Hostelería y servicios
Personajes
Retazos de historia
Tradiciones
Gastronomía
Enlaces
Vocabulario típico
Virgen de la Salud
Noticias
Mis críticas
Vídeos



Página alojada en


LA MINERÍA EN EL CONCEJO DE ESPINAMA

  • Ver primera parte
  • Ver segunda parte

    III.- El transporte del mineral


    Grabado de Los Tornos de Liordes publicado en 1894 en la revista francesa Le Tour du Monde
    Entre las grandes obras de infraestructura llevadas a cabo para la explotación minera en los Picos de Europa hay que destacar el camino de Los Tornos de Liordes, con sus 38 zig-zags para salvar los 900 m. de desnivel existentes entre Fuente Dé y Liordes. Fue promovido por el ingeniero Marcial Olavarría para bajar por él los carros de mineral. El abandono temporal de las explotaciones de Liordes conllevó la no reparación de los daños producidos por las avalanchas por lo que, pronto, quedó como poco más que un sendero por el que bajaban el mineral en caballerías. Ya estaba en desuso como camino de mineral desde 1897.

    Por ese camino, se despeñó más de un carro. El Conde de Saint-Saud dejó constancia de ello al comentar que «Juan Suárez, nuestro guía, se detiene para contar con fruición mil historias macabras de las que ha sido teatro este camino, y cada sima que se ha tragado a un desgraciado da pie a un nuevo relato, más feroz que el anterior».

    El transporte en carros se llevaba a cabo desde las diversas minas (Áliva, Liordes, Lloroza, Fuente Dé...) hasta Espinama y desde allí a Camaleño, Ojedo y Unquera, donde se embarcaba el mineral como se da cuenta en este estudio publicado en "El Oriente de Asturias". Esta actividad carretera se unía a la propiamente minera a la hora de proporcionar jornales entre la población. De su importancia da fe el hecho de que, cuando en 1906 el Ayuntamiento de Camaleño decidió imponer un impuesto de tres pesetas por carro por el arrastre de minerales por los caminos vecinales, hasta ciento cuarenta carreteros presentaron un recurso de alzada manifestando su oposición. Este recurso fue estimado por el Gobernador Civil, anulándose el impuesto.

    Camino de Igüedri, con Valdecoro al fondo, en 1915. Su amplitud y buen estado se debe a que por él circulaban los carros con el mineral. Foto de Francisco Núñez Losada
    Obviamente, tantos carreteros no eran sólo ni de Espinama ni de Liébana. En el artículo anteriormente enlazado, por ejemplo, leemos cómo «dos de los mejores carreteros, verdaderos profesionales, eran don Manuel González Calleja, natural de San Pedro de las Baheras y padre de don Paco el gaitero y don Martín Noriega Cueto, su cuñado. Nos cuenta su hijo don Manuel Noriega González (Manolo Martín) que su padre tenía una pareja de bueyes excepcional llamados el "Corzo" y el "Galán" que bajaban el mineral desde Aliva, en los Picos de Europa, cargando hasta cuatro toneladas por unos caminos, como es de suponer, de vértigo, estrechos y pendientes, lo cual era una verdadera proeza conducir los carros con tantas dificultades».

    Las condiciones en que desarrollaban su labor los carreteros dejaban mucho que desear. Las compañías mineras o los contratistas del transporte se aprovechaban para imponer sus condiciones de la facilidad de encontrar sustituto a quien se mostrara exigente. Sin embargo, llegó un momento, el verano de 1913, en el que los carreteros del mineral de la Real Compañía Asturiana y de La Providencia acordaron declararse en huelga por la continuada rebaja en el precio que se les pagaba que había pasado de 1,35 ptas. el quintal desde la mina a Ojedo, a 1,30 primero, a 1,25 después, y a 1 peseta entonces terminando la jornada en Camaleño y cobrando 70 céntimos de Camaleño a Unquera. Las ganancias, decían, eran para el arrendador del servicio, mero intermediario. Los carreteros acudieron directamente a D. Juan Sitges, ingeniero director de la Real Compañía Asturiana de quien esperaban asumiera sus pretensiones: 1,5 ptas de la mina a Ojedo y 0,8 de Ojedo a Unquera; que las compañías fiscalizaran el peso de la carga, en lugar de dejarlo en manos del contratista; y el arreglo por las mismas de los caminos.

    Otras quejas latentes de los carreteros eran la obligación de emitir el voto a quien les indicaban, la imposición que se les hacía de parar en Camaleño y comer en un establecimiento (del contratista del arrastre) y la instalación de báscula para pesaje en Camaleño, con el mismo fin.

    Hacia 1912-1915, los carros cargados de mineral, con sus ruedas de hierro, al pasar por Las Ilces hacían retumbar las casas. Los vecinos se quejaron y la Real Compañía Asturiana compró tierras e hizo un camino nuevo por fuera del pueblo (salía donde la escuela), si bien pronto quedó sin servicio por la apertura de la carretera.

    Foto de la revista Bocamina A partir de la década de 1920 la importancia de la carretería empieza a decaer. La nueva carretera que desde Camaleño llega a Espinama permite el uso desde aquí de camiones para bajar los concentrados hasta Unquera.

    En Espinama, para hacer la transición, se instalaron una tolva y una báscula de la que estuvo encargado durante algunos años Lino González.

    No fue sin embargo hasta la segunda mitad del siglo XX cuando los camiones pueden acceder directamente hasta la mina. Fue el 20 de marzo de 1949 cuando la Junta Vecinal de Espinama autorizó a la Compañía de Minas Ibéricas, representada por José María Calvo Llanes, a «reparar y ampliar el camino que hay de Espinama a Las Portillas de Áliva, en aquellos parajes que se estime necesario para hacerle factible al tránsito de vehículos de tracción mecánica».

    En 1951 fue la Real Compañía Asturiana la que, para facilitar la explotación de las de Fuente Dé, solicitó hacer algunas reparaciones en el camino a Fuente Dé y su prolongación hasta el lugar de las labores en la Braña El Hortigal.

    Las Portillas de Áliva, con su arco, antes de ser derribado por un camión de la mina.
    Los camiones que subían a Áliva solían hacerlo con el volquete subido. En cierta ocasión, un conductor olvidó bajarlo y fue el causante de la destrucción del arco que había en Las Portillas que cayó encima del camión, estando a punto de matarle.

    Entre los conductores que trabajaron para la Mina se recuerda especialmente a Rafael Rivas, "Fael", de Espinama. Los camiones de Michelena son también recordados de modo especial.

    Otro elemento utilizado para el transporte del mineral de Lloroza fue el cable por el que se bajaba el mineral en cubos hasta Fuente Dé. Fueron diversas compañías las que, al parecer desde 1903, lo utilizaron. El último fue instalado en la década de los 1950 por la Real Compañía Asturiana de Minas para explotar la mina registrada por Luis de María.

    Por último, por lo que se refiere al transporte en el interior de la mina de Áliva hay que decir que se llevaba a cabo en la segunda mitad del siglo XX mediante vagonetas que circulaban por los raíles instalados al efecto.


  • Ver cuarta parte

    © Gabino Santos
    Prohibida la reproducción sin citar la fuente