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LA MINERÍA EN EL CONCEJO DE ESPINAMA

I.- Historia


Áliva y la zona de los Picos de Europa próxima a Espinama fueron objeto de explotación minera durante casi 150 años, en época reciente. Lógicamente, esa actividad minera ejercida durante tantos años influyó, y mucho, en la vida del Concejo. A dar a conocer la actividad minera en sí y sus repercusiones se dedican estos artículos.

Antes de que a mediados del siglo XIX comenzara la gran actividad minera, habían existido algunos precedentes. Hay quien cree que ya los romanos pudieron llevar a cabo alguna explotación en los Picos de Europa, el Mons Vindius de entonces. No está claro y, de ser cierto, es poco probable que fuera por la zona de Espinama.

Mapa de las principales minas de Áliva. Panel informativo colocado por el Parque Nacional

Es en la Edad Moderna cuando existen documentos escritos que hablan de minas en Espinama. En 1532 se menciona una mina en Peña Vieja pero es unos años después, en 1557, cuando se dan detalles concretos. Se habla de la existencia de una mina de oro y plata «en el puerto de Aliba, confinante con Peña Vieja, a mano derecha antes de llegar a la colladilla, cerca por la parte inferior de la fuente cimera». Los geólogos Manuel Gutiérrez Claverol y Carlos Luque Cabal, autores del libro "La minería en los Picos de Europa", creen que, más que de oro -inexistente en Picos- sería una mina de pirita o calcopirita, minerales que tienen brillo aurífero y están presentes en Áliva.

De 1578 es la siguiente mención documental. Se trata de una carta en la que Pedro Bueno de Escandón pide que se le conceda beneficiar dos minas en Cabrales y «otra de plomo que descubrió en el término de Aliba».

Algo más recientes, de 1625, son las referencias a sendas Cédulas Reales que se otorgan para permitir beneficiar diferentes minas, entre las que se encuentran «una de piedras que parecían serafinas, que hacían visos amarillos, verdes y azules y otros colores en el puerto de Aliba, donde decían Baldujar, al pié de un peñón que está al mediodía» y otra «mina nueva de plata que estaba en una corriente que bajaba de las Peñas Bermejas, en el término del lugar de Espinama».

Son, pues, varias las citas de minas en la zona en los siglos XVI y XVII. Sin embargo, la explotación de tales minas, de haberse llevado a cabo, debió ser muy efímera por cuanto no hay menciones a ellas entre la mucha documentación de los siglos XVII y XVIII relativa al Concejo que he podido manejar. El hecho de que las Ordenanzas del Concejo de 1625 incluyan un capítulo en el que se prohibe «sacar ningún carro de piedra para fuera del Concejo» confirmaría la falta de explotación minera como también lo confirmaría el que en el Catastro del Marqués de la Ensenada de 1752, a la pregunta relativa a la minería y la industria del lugar, contesten refiriéndose únicamente a los molinos y el batán. Tampoco hay alusiones a la actividad carretera necesaria para el transporte del mineral que tendría que haber sido ejercida por los vecinos de Espinama como más próximos a dichas minas. Hay que esperar, por tanto, hasta el siglo XIX para encontrar una explotación real de la riqueza mineral de la zona.

En 1853 la Real Compañía Asturiana de Minas comienza a hacer prospecciones en los Picos de Europa, como resultado de las cuales descubre el año siguiente la importante presencia de cinc y plomo. Dos años después, en 1856, ya comienza a explotarlo en Áliva y zonas próximas. Por aquellos mismos años, la sociedad "La Providencia" comienza igualmente sus explotaciones. Conocidos los hallazgos, los registros mineros proliferan por toda la zona.

Casetón de Áliva a finales del siglo XIX
De todas las minas fue la de Las Manforas, en Áliva, la más importante. Su explotación, con intermitencias, llegó hasta 1989, cuando se produjo el cierre definitivo. También hubo minas en sus proximidades en la Canal del Vidrio, en el Duje, La Marta Navarra, Puertos de Áliva y Horcadina de Covarrobres. Además de en Áliva, se explotaron minas en Lloroza (Las Gramas y Altáiz), Fuente Dé y Liordes.

La ubicación de las minas, en terreno montañoso y a más de 1.500 metros de altitud, supuso, en el periodo anterior a la guerra civil, perjuicios a tres niveles:

1º) Los duros inviernos impedían trabajar durante todo el año. Las campañas duraban desde mayo o junio hasta noviembre.

2º) La lejanía respecto a los pueblos más próximos -Espinama y Sotres- implicaba dificultades logísticas. Por una parte, el personal no podía ir a su casa y volver todos los días. Por otra, los abastecimientos también eran más complicados.

3º) La dificultad de dar salida al mineral. La necesidad de llevarlo desde lugares tan apartados hasta Unquera, a unos 70 kilómetros, donde se embarcaba, hacía que el transporte encareciera notablemente el producto.

Casetón de las minas de Liordes y su lavadero de mineral en 1891. Foto del Conde Saint-Saud
Para mitigar esos problemas las compañías mineras construyeron casetones para alojar a su personal en Áliva, en Lloroza y en Liordes. Además, se construyó una gran red de caminos a través de los cuales los carros de bueyes sacaban el mineral. Así lo podemos leer en el libro "Liébana y los Picos de Europa", publicado en 1913 por "La Voz de Liébana":

"En Áliva tiene en explotación la sociedad minera La Providencia varios criaderos de blendas, y para el servicio de las minas ha construido caminos, carreteras, dos casetones, uno para los ingenieros, y el otro (1.518 m.) para cocina, cantina y cuadras, y algunas chavolas [sic] o casetas en las que los obreros duermen. Al pie de la Canal del Vidrio hay un lavadero de minerales y un casetón de la empresa Echevarría". La Real Compañía Asturiana de Minas explotaba entonces las minas de Lloroza, situándose su casetón a 1.865 m. de altitud. También la de Altáiz era gestionada por la R.C. Asturiana.

Los lavaderos, como el que se cita en la Canal del Vidrio o el de Liordes, tenían por objeto tratar las piedras de mineral de menor ley antes de su transporte a Espinama. Estos minerales eran triturados en molinos, lavados y concentrados en cribas de palanquín o en cajones alemanes, para así facilitar su transporte. El mineral de alta ley, en cambio, era llevado con carros directamente hasta Espinama, desde donde continuaba viaje hasta Unquera.

Sirvan como ejemplo de la importancia de estas explotaciones los datos de la "Estadística comercial e industrial de la provincia de Santander" de 1909, publicada por el Ministerio de Fomento. En ella se dice que la Sociedad La Providencia tenía tres concesiones en Áliva y otras cuatro en Ándara, empleando entre todas a 132 hombres, 6 mujeres y 8 muchachos. En Áliva obtuvo ese año 625,10 Tm. de cinc (en Ándara 317,3 Tm.). La Real Compañía Asturiana, por su parte, tenía una concesión en Lloroza, con 31 obreros y una producción de 484 Tm. de cinc. Por último, la de Echevarría y Cía. contaba con una concesión "en Camaleño" (la de la Canal del Vidrio debe ser) con 29 hombres y tres mujeres y 279,4 Tm. de producción.

Un dato más genérico: según los citados Claverol y Luque, entre 1856 y fines de 1899 se extrajeron de las minas de los Picos de Europa 160.000 toneladas, cantidad en la que se incluye lo producido también en las minas de Ándara, no ubicadas en el Concejo.

Estos altos niveles de producción se veían, sin embargo, muy influidos por el precio alcanzado a nivel internacional por el cinc. Cuando, como durante la I Guerra Mundial, subía, la rentabilidad era mayor y se aumentaba la producción. En cambio, en épocas en que el precio del cinc bajaba, el alto costo del transporte hacía que dejara de ser rentable la explotación. Por este motivo, dejaron de explotarse durante algunas temporadas, la más prolongada la que se inició en 1927, con la crisis internacional, cierre que se alargó hasta años después de finalizar la guerra civil española. En esos años parece que sólo la Sociedad Anónima Picos de Europa, dirigida por Manuel Palacios Antón, realizó un aprovechamiento esporádico de mineral residual de algunas labores o en las escombreras.

Es en 1942 cuando la Compañía Minero Metalúrgica Montañesa, sucesora de La Providencia, retoma los trabajos en las minas de Áliva, trabajos que duran hasta 1953. La explotación incluye seis concesiones de las que es propietario el espinamense Rafael Calvo Briz. En este periodo, en 1950 en concreto, se comete uno de los mayores errores de la historia minera de Áliva: la "explosión Kachinski", gran voladura, con dos mil kilos de dinamita, que produjo una gran cicatriz en la Canal del Vidrio.

Pocos años después del abandono por la M.M.M., en 1956, es nuevamente la Real Compañía Asturiana de Minas, a través de su filial "Sociedad Carbones de La Nueva", la que arrienda las concesiones de Rafael Calvo y retoma su explotación y la de las otras concesiones que allí mantenía. Es entonces cuando se produce un cambio sustancial: la explotación minera se alarga a todo el año. Para ello, los mineros se alojan durante el invierno en casetones colectivos que, ya en los años 1970 cuando la titularidad de la explotación es de otra filial de la Asturiana, la "Sociedad Minera Picos de Europa, S.A.", son sustituidos por barracones de cemento armado en forma de medio tubo, con bóveda de cañón, de modo que la nieve resbalara sobre ellos. Se cuenta, además, con nueva maquinaria y son camiones los que se encargan del transporte.

La explotación por esta última compañía abarca desde 1967 hasta que en 1981 pasa a "Asturiana de Zinc, S.A.", sociedad que compra la R.C. Asturiana de Minas. Finalmente, en 1985, AZSA vende las concesiones de Áliva a Agustín Fernández Balmorí quien, hasta el cierre definitivo en 1989, con apenas una veintena de trabajadores, hace un aprovechamiento residual, buscando sobre todo piezas vistosas de blenda acaramelada para su venta a coleccionistas.

Casetón de las minas de Lloroza en los primeros años del siglo XX
Las minas de Lloroza (Las Gramas y Altáiz), con pobre contenido en galena o blenda, habían dejado de ser explotadas a principios de los años 1920. Las de Liordes, por su parte, con muchas intermitencias, fueron objeto de alguna explotación residual todavía por los años 1950, periodo en el que también cesó la explotación de las minas de Fuente Dé pese al hallazgo unos años antes (hacia 1952) por Luis de María Santos de un yacimiento nuevo del que se hizo cargo, mediante alquiler, la Real Compañía Asturiana.

En total, los profesores Gutiérrez Claverol y Luque sostienen que de las 600.000 toneladas originales de mineral (13% de ello zinc y 2% plomo), en Áliva, en el momento del cierre, quedaban únicamente reservas de 50.000, lo que indica claramente la importancia de la explotación minera allí desarrollada. De otros aspectos de esta explotación me ocuparé en próximos artículos.


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    © Gabino Santos
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