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DE CUANDO SE LLEVABA EL GANADO A INVERNAR A LA COSTA



En el Catastro del Marqués de la Ensenada, realizado allá por 1752, los vecinos de Espinama encargados de responder a las preguntas generales manifiestan que "ningún vecino por sí solo tiene cabaña de vacas que pasten fuera del término, si bien es verdad que las que no están criando con los novillos en los meses rigurosos del invierno juntas acabañadas las de la población salen a yerbajar a la Marina de los lugares de Pechón, Serdio, Prellezo, Abanillas y Pesués, del valle de Val de San Vicente, alternando en estos lugares, por cuyo yerbaje lo que suelen pagar un año con otro seiscientos y ochenta reales de vellón".

Tenemos ahí noticia, por tanto, de una práctica que no deja de ser una forma de trashumancia. Si el Concejo recibía en verano las ovejas merinas de Extremadura y Toledo que protagonizaban la más conocida de las trashumancias, en invierno era el ganado espinamense el que buscando pastos se trasladaba hasta la Marina, la costa. Las nieves que caían en el Concejo impedían al ganado salir de la cuadra. Si a ello añadimos que gran parte de la superficie agrícola estaba ocupada entonces por tierras de cultivo que debían proporcionar el alimento para la subsistencia de los vecinos, con lo cual no se podía recoger la suficiente hierba para mantener todo el ganado durante el invierno, se comprende que se recurriera a practicar esta trashumancia.

Imagen tomada del Sigpac. Pulse para verla más grande


La práctica recogida en el Catastro venía de antiguo. En 1678 (y da toda la impresión de que no era la primera vez que se hacía) un numeroso grupo de vecinos de Pido arrendaba en Prellezo una marina para el pasto de invierno de cien cabezas de vacas y bueyes. El arriendo era por seis años y el coste de ochocientos reales y cuatro cántaras de vino. Más caro, por tanto, que en 1752.

El arriendo realizado en 1695 con el pueblo de Pesués aporta algún dato más. El arriendo era desde el día de San Andrés (30 de noviembre) hasta mayo, "ocho días más o menos". En esta ocasión, no hay tope de cabezas: las que "quieran libremente" llevar. Además, los vecinos de Espinama se protegen ante la eventualidad de que el invierno sea duro también allí y se hace constar que "es condición que en caso que haga el invierno riguroso o se halle apretado dicho ganado por falta de hierbas, por ocho, diez o quince días el dicho lugar de Pesués les ha de permitir el que hasta cuarenta o cincuenta cabezas de ganado las puedan pasar a pastar a los términos del dicho lugar de Pesués y Pechón pidiendo antes y primero licencia para ello a dichos vecinos para saberse los días porque se la dan y cuándo han de entrar y salir y el término que se les asigna". Es decir, que, aparte del término que arriendan, llegado el caso, podrían entrar también al que el pueblo reservaba para su ganado.

Esta trashumancia de la montaña a la costa debió permanecer muchos años más. El hecho de que un espinamense de nombre Domingo Santos muriera en Serdio el 26 de mayo de 1831 apunta a la posibilidad de que aún bien entrado el siglo XIX se mantuviera esa práctica.


(Nota: Utilizo la ortografía actual para hacer más entendible el documento)

© Gabino Santos